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viernes, 30 de abril de 2010

ME ABRIO LA PUERTA

Mi tía Dolores me abrió la puerta después de haber llamado yo como lo hiciera otras veces. "Pasa hijo" me dijo; pasé y me senté junto a las dos en la mesa de camilla. Estaban cenando y recuerdo perfectamente lo que cenaban, un huevo pasado por agua y un vaso de leche.
Mi tía Dolores me dijo: "Juan, me han dicho que te vas a hacer una casa en el campo para casarte", "pues sí tía" le contesté yo, y ella me dijo "y ¿por qué te vas tan lejos teniendo el pueblo aquí?", "pues muy sencillo, tía, porque allí tengo un solar para hacerla y aquí no"; ella, que de tonta no tenía nada, se calló y de aquello no hablamos más.
Pasados unos días mi padre me dice: "Juan, me ha dicho la tia Dolores que, si quieres hacerte la casa en el pueblo, te da el solar que le queda para que te la hagas allí; si te decides, no le tienes que decir a nadie que te lo ha dado ella, pues consta que te lo he dado yo porque ella me lo ha dado a mí".
Así pues, acepté y comencé a hacer la casa en aquel solar, dando la fachada principal a la calle Espronceda, y, la lateral, a la calle San Rosendo. Dos años tardé en construirla.

martes, 27 de abril de 2010

CUANDO MURIO EL SEÑOR

Cuando murió el señor, mi tía Dolores le dijo a mi tía Encarnación que se viniera con ella, porque las dos estaban ya jubiladas, y así pasar el resto de sus vidas juntas, y así lo hizo.
Como en el piso se encontraban muy solas, mi tía Dolores se asesoró con el abogado de su señor, que era precisamente el albacea de mi tía, y le dijo si podía comprar una casa en Santomera a cambio de vender el piso en que ella habitaba. El abogado le dijo que, como suyo que era, podía hacer con él lo que quisiera. El piso era bastante grande y muy bien situado, estaba en la Gran Vía y sus dos fachadas daban hacia la Gran Vía y al Banco de España formando esquina.
Compró en Santomera una casa en planta baja después de vender el piso. Esta casa daba a tres calles, la principal a la calle de Fernando el Católico, con una fachada de diez metros; la fachada posterior daba a la calle Espronceda y la fachada lateral a la calle San Rosendo. Entre la casa, un porche y un pequeño patio, ocupaban poco más de la mitad del terreno comprado y, dividido por una pared y un pozo del cual se sacaba agua para el servicio de la casa, tenía una puerta para pasar al resto del solar.

domingo, 18 de abril de 2010

UN SOLAR PARA MI CASA

Todos los días, cuando venía del trabajo, me aseaba y me iba un rato, bien a ver la novia, bien a estar con los amigos, y, a veces, a ver a las tías de mi padre, que eran dos mujeres extraordinarias que se pasaron desde niñas hasta que se retiraron de sirvientas en Murcia.
Sirvieron en casas distintas, pero ellas se reunían parte de los días para hablar de sus cosas. La mayor era la tía Encarnación y servía en una casa cuyos señores eran de clase media, y, a lo largo de su vida laboral como niñera, crió a una niña que se llamaba Aníta. Aquella niña se hizo mujer y se echó novio y se casó, pero era tal el cariño que tenía a su chacha como ella le llamaba, que les pidió a sus padres que la dejaran irse con ella, y así lo hicieron. Aníta tuvo cuatro hijos, dos varones y dos niñas. A los cuatro los crió la chacha, y a los varones los vio casarse. Las dos mujeres se quedaron solteras.
Mi otra tía, porque para mí eran mis tías, la tía Dolores, estuvo sirviendo en casa de unos señores que tenían una situación acomodada bastante aceptable; eran jóvenes y tenían una niña que aproximadamente era de la misma edad que mi tía Dolores. Las dos niñas se comprendían muy bien, hasta tal punto que los señores las veían como a dos hijas y tomaron la decisión de que fuera así. La mala fortuna entró en aquella casa y la verdadera hija enfermó de tal forma que, siendo muy joven, murió. La tristeza inundó aquella casa.
Pasó un cierto tiempo y mi tía, que estaba tan afligida como ellos, pensó que en aquella casa ya no tenía nada que hacer, y un día se lo dijo a los señores. Estos, al escucharla, la abrazaron y le dijeron: "Dolores, por Dios, ¿es que no ha habido bastante con que se haya ido una hija?. Si tú te vas, habremos perdido a las dos".
Años después murió la señora. El señor, que era bastante mayor que mi tía, hizo un testamento en el cual dejaba a mi tía como dueña del piso en que vivían. De su dinero podía desponer del que necesitara mientras ella viviera, y así mismo disponer del usufructo de sus fincas mientras viviera.

MI PRIMER PRESTAMO BANCARIO

LLegamos al lugar donde estaba ubicado el terreno, bajamos de la moto y le dije: "este trozo es", lo miró y comenzó a andar por todo el perímetro de la finca; cuando terminó de recorrerlo me dijo: "esto ya está visto, arranca la moto y vámonos", y así lo hice.

Cuando llegamos a Santomera me dijo: "para en la puerta del Banco Exterior De España, que tengo que hacer una cosa". Una vez que paré me dijo" "vente conmigo", me fui tras de él y entramos al banco, se dirigió a un empleado y le preguntó por el director, éste le dijo que estaba ocupado pero que le iba a avisar de que estaba allí. Poco tiempo pasó cuando se abrió la puerta del despacho y salieron dos hombres, uno se marchó y el otro se dirigió a nosotros, era el director, y, después de saludarnos, nos pidió que entráramos a su despacho; yo me quedé mirando como si aquello no fuera conmigo, pero el padre de mi amigo me dijo "pasa Juan", y así lo hice.

Una vez sentados, el dirctor le preguntó "tú dirás, Porfirio", porque tenía el mismo nombre que su hijo, y, ante mi asombro le dijo al director "Viriato, mira a ver el dinero que necesita este hombre y proporciónaselo"; el director, dirigiéndose a mi me dijo "tú dirás cuánto dinero necesitas, hasta dos millones me puedes pedir". Se me abrieron los ojos como platos y le contesté "yo sólo necesito treinta mil pesetas", y los dos se echaron a reir. Entonces el director me dijo: "vente el lunes para acá y te haré el préstamo, avalado por este señor, claro", y así lo hicimos.

Ese gesto de generosidad no se me olvidará mientras viva, porque gracias a él, y lo que para mí era lo más importante, es que lo hizo desinteresadamente.

A las dos semanas escrituramos el terreno en una notaría de Orihuela. Yo me llevé a mi padre porque me daba más seguridad de que las cosas se hacían bien. Cuando salimos de la notaría de hacer la compraventa, para celeabrarlo, nos fuimos a Torrevieja a comer.

Y así me hice de mi primer patrimonio a los veinticinco años.

domingo, 11 de abril de 2010

PENSANDO EN MI BODA

Año (1967) mi novia y yo comenzamos a hacer planes para casarnos. No tenía casa ni solar para hacerla. Un tío de mi novia, hermano de su padre, tenía un trozo de terreno de aproximadamente (3500) metros muy cerca de la venta donde nos conocimos, terreno lindero a la carretera de Abanilla. Mi novia me lo dijo y fuimos a verlo. Me gustó mucho el sitio donde estaba ubicado. Le dije a mi novia que se enterara de lo que quería por él. Una noche en que fui a verla me lo dijo; porque se trataba de nosotros, me lo dejaba en (55.000) pesetas. Me gustaba mucho el terreno y el sitio, pero tenía un problema, no disponía de la cantidad total para comprarlo.

Un día estaba en el Siscar en casa de mi amigo Porfirio y se lo comenté a su padre; él me preguntó "¿el sitio es bueno?"; yo le dije que sí, y él me contestó "si el sitio es bueno, es barato para como está el precio de los terrenos. Como él sabía que yo no disponía del dinero total para comprarlo, me dijo el sábado por la mañana: "te vienes y me llevas en la moto para que yo vea el terreno". Y así lo hice; el sábado, sobre las diez de la mañana, cogí la moto, era la segunda moto que tenía, una Bultaco de 150 cc , me fui a su casa; él me estaba esperando, después de saludarnos, montó en la moto y nos fuimos.

martes, 6 de abril de 2010

PENSANDOLO BIEN

Comencé a darle vueltas a la cabeza, y al final llegué a una conclusión, que. para ganar lo mismo conduciendo que trabajando en la construcción, prefería la construcción porque trabajaba sólo por el día, que llevar el camión por el día y por la noche; era del género tonto seguir conduciendo .

Asi pues, un buen día me presenté en la oficina y comuniqué mi despido de la empresa José Maria Jiménez Jiménez, conocido por JIMENEZ JUMILLA. Mucho se opusieron los jefes, pero yo, como escusa, les dije que me daba sueño conduciendo, y que eso era peligroso para mí y para la empresa. Y así volví otra vez al trabajo que no debí haber dejado nunca, porque era el que me gustaba de verdad y el que más entendía.

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