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viernes, 14 de mayo de 2010

UN DIA INOLVIDABLE

Dieciocho de Febrero de (1970) mi esposa se encontraba molesta debido al embarazo, pues ya estaba cumplida; salí de casa para avisar al comadrón; éste me dijo que me viniera para mi casa, que el venía enseguida.

Le dije a mi mujer que Paco venía enseguida, me senté en la salita de estar mientras mi mujer paseaba por la casa. Como tenía tiempo de sobra, me puse a pensar y me vino a la memoria el día en que nos casamos, y me puse a hacer balance desde aquel día hasta el día en que me encontraba.

Tuve ocho días de vacaciones cuando me casé. Mi capital al día siguiente de casarme ascendía a cuatromil pesetas, porque se las había pedido prestadas a mi jefe a cuenta del sueldo del mes.

Total, que mi deuda en ese momento ascendía a cincuenta y cuatromil pesetas, cincuentamil de materiales y cuatromil a mi jefe, que se las había pedido prestadas para llevar algo por si se presentaba algun compromiso el día de la boda.

Los días que estuve de vacaciones los aproveché bien; en la finca que trabajaban mi padre y mi hermano José coloqué, en un muro de contencion que hice, más de sesenta metros cúbicos de piedra de cantera; así pues, ése fue mi descanso de las vacaciones.

Como mi esposa quedó embarazada muy pronto, yo tenía que hacer algo antes de que diera a luz, entonces pensé en la finca que compré de soltero para hacerme la casa.

Puse en venta la finca y la vendí, noventamil pesetas me dieron por ella, treinta y cincomil más de lo que me costó, pagué todo lo que debía y con el dinero restante me compré mi primer coche.

Llegó el comadrón y reconoció a mi esposa, era cerca de mediodía, y, a las dos de la tarde aproximadamente mi mujer dió a luz nuestro primer hijo y dió a luz en nuestra propia cama, y en mi presencia; se le puso de nombre Juan igual que su padre.

Así que, cuando nació mi hijo, mi mujer y yo teníamos de patrimonio una casa totalmente amueblada, una motocicleta marca BULTACO tipo mercurio 155, un coche marca RENAUT 4l usado, y un hijo, que era lo que más podíamos desear; a eso le agregábamos que yo tenía trabajo, un sueldo digno para poder vivir, y sin deber ni un céntimo.

domingo, 9 de mayo de 2010

LA BODA

A las cuatro menos cuarto llegué a mi casa. Mis padres y mis hermanos estaban muy preocupados; el verme llegar les alegró mucho. Mi madre me dijo: "¿sabes la hora que es, hijo?", yo le contesté: "¿no lo voy a saber, mamá?"; "anda, siéntate y come" me dijo, "no tengo gana mamá, voy a vestirme"; y me fui a la habitación.

A las cuatro y media salimos de la casa de mis padres y nos dirigimos hacia la casa de la novia, al Campo de la Matanza, y allí estaban esperándonos la novia y toda la familia, bueno casi toda. Mi hermano José, que era el padrino junto con su mujer, le entregó el ramo a la novia y subieron al taxi del Pepe de la Rosa. La madrina y yo montamos en un renault cuatro ele de mi amigo Porfirio, y salimos para Santomera.


Mi suegra no se vino a la iglesia con su hija, se quedó en su casa con todo el dolor de su corazón. Dijo que si su marido no iba, porque se había muerto su madre, ella tampoco iba. Mi sorpresa fue cuando pasamos por el puerto hacia Santomera, y vimos a mi suegro, que estaba con el ganado junto a la carretera viendo cómo pasábamos para celebrar la boda.


Como estaba previsto, a las cinco y media se celebró la boda. Cuando salimos de la iglesia todos los asistentes esperaban fuera para echarnos el tradicional arroz. Comenzaron a darnos la enhorabuena, y una de las que me la dió fue la nujer que me habia preguntado en el autobús, cuando veníamos de Murcia, que para quién era el ramo; cuando me vió se echó las manos a la cabeza y me dijo: "Juan, si no lo veo no me lo creo", y entonces yo me eché a reir y le dije: "¿no te lo creías, verdad Julia?", y ella, dándole a la cabeza, me dijo: "pues no, no me lo creía", y también se echó a reir.


Y sí fue mi boda, cargada de anécdotas. En casa de mis padres se hizo un poco de convite, y lo celebramos juntos las dos familias.

jueves, 6 de mayo de 2010

DIA DE MI BODA


Día tres de Mayo de 1969, me levanto por la mañana temprano. El día estaba gris. Mi hermano José, que iba a ser el padrino junto con su mujer, me dijo si yo podía ir a Murcia a recoger el ramo de la novia, que lo tenía apalabrado en la floristería de la Plaza de las Flores, porque él tenía que trabajar ese día que era sábado; naturalmente, yo le dije que sí.

Cuando salí de mi casa me fui a la Peluquería de los Perifollos. Me peló el Fermín, y, después, me fui para la parada de los autobuses para irme a Murcia. Cuando pasé por la puerta del Bar Sotero vi salir del bar al chófer de un camión que se dedicaba a traer agua potable de Murcia a Santomera, porque en Santomera no había agua potable todavía. Le pregunté si iba para Murcia y me dijo que sí. Entonces le dije a lo que iba y el me dijo: "Pues vente conmigo y desde donde yo te deje hasta donde tú vas no tienes pérdida". Así que me fui con él hasta la misma puerta de la cárcel, que era donde cargaba el agua, y desde allí me indicó el camino a seguir para ir hasta la Plaza de las Flores. Nos despedimos y me marché.

No me fue difícil llegar pues yo había recorrido esa zona algunas veces cuando llevaba el camión de los materiales. Recogí el ramo de la novia y me fui andando para la parada de los autobuses; cuando llegué, acababa de salir el de las dos de la tarde, y la boda era a las cinco y media y hasta las tres ya no salía otro autobús. Desesperado, pero resignado, esperé hasta que llegó el siguiente; cuando vino subimos a él varias personas, mayormente de las que trabajaban por la mañana en Murcia. Recuerdo a una mujer que era la hija del Santos el del bar Santos, el cual yo frecuentaba a menudo; como me conocía, al verme con el ramo me preguntó para quién era el ramo; yo le contesté: "Es para mi novia, que nos casamos esta tarde a las cinco y media". Ella se echó a reir como pensando que le estaba gastando una broma.

martes, 4 de mayo de 2010

PREPARANDO PARA MI BODA

Dos meses antes de mi boda se celebró en la casa de mi novia la petición de mano de la novia. Se celebró por todo lo alto con una cena. Los padres de mi novia estaban muy ilusionados con la boda de su hija. Nos juntamos toda su familia y la nuestra.
Días después de celebrar la peticíon de mano muere la abuela de mi novia, madre de su padre, y a éste se le quitan las ganas de hacer boda y de que nos casemos; yo tenía los muebles apalabrados a falta de que mi suegro diera la confirmacíón, porque los tenía que pagar él.
El lunes vino el que nos tenía que poner los muebles para concretar; mi suegro no estaba en la casa, se encontraba pastoreando el ganado en la finca de su madre. Yo acompañé al mueblista hasta donde estaba él, porque no conocía el camino. Cuando llegamos le saludamos, el mueblista le dijo a mi suegro que los muebles estaban preparados para colocarlos en la casa. Mi sorpresa fue cuando mi suegro le dijo al mueblista: "Mira Juan, he pensado que mañana, martes, voy a ir a Orihuela para ver otros muebles, a ver si están más baratos". El hombre se quedó de piedra porque sabía que nos casábamos el sábado próximo. Yo, al oir las palabras de mi suegro, me puse delante del mueblista y le dije: "Mira, Juan, si mi suegro no quiere los muebles que son los que han elegido su mujer y su hija, tú me llevas a mi casa los muebles de la habitación pequeña, que esa te la pago yo, porque el sábado nos casamos con los muebles o sin ellos". Mi suegro, al escucharme, se dió cuenta de que no había marcha atrás; entonces le dijo al de los muebles: "Bueno, Juan, llévale los muebles y pásate por mi casa de las ocho de la tarde en adelante para que te los pague".
Al día siguiente llevaron los muebles y los colocaron, quedando todo preparado para la boda.

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