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sábado, 28 de mayo de 2011

LA VIDA EMPEZABA A MEJORAR

A mi madre se le cambió la cara al ver que sus hijos podían comer. Mi hermana Lola se fue a servir a una casa de señores, y, aunque no ganaba mucho, al menos comía y vestía en la casa donde estaba sirviendo, y en mi casa había una boca menos que alimentar.

Pero otra vez vino la pesadilla de la vivienda; el dueño de la casa en que vivíamos residía en Barcelona y le comunicó a mi padre que vendía la casa; yo observaba en mi madre la cara de angustia que puso cuando se lo dijo mi padre. Pero mi padre, dándole ánimo, le dijo: "no te preocupes, que de esta casa no salimos".

Yo no había cumplido todavía los nueve años ni mi hermana Isabel los once cuando mi padre tomó la decisión de que ya no fuéramos al colegio ninguno de los dos, cambiamos el colegio por el trabajo de la tierra. Mi madre nos daba ánimo para que trabajáramos. Nosotros no entendíamos aquel cambio, pero mi madre nos decía: "algún día lo entenderéis", y nos sonreía.

Pasamos cuatro años trabajando en la agricultura, plantábamos pimientos, algodón, tomates, melones y sandías, y también criábamos novillos para después venderlos y recoger dinero. Y fruto del trabajo de mis padres, de mis hermanos y mío, mi padre compró la casa en la que vivíamos.

Fue entonces cuando, viendo la cara de alegría de mi madre, comprendí por qué nos habían sacado del colegio a mi hermana y a mí con tan corta edad. Había merecido la pena, ya no vería más a mi madre angustiada porque tenía que dejar la casa en que vivía.

viernes, 27 de mayo de 2011

AÑO 1.936

En el año 1.936 estalla la guerra civil española y mi padre se va a la guerra; mi madre se queda con los dos hijos que tenía, y, en plena guerra, nace mi hermana Lola. Ya tenía mi madre otra boca para alimentar; así que se encontró con tres hijos para alimentar, un alquiler que pagar todos los meses y, lo que era mas triste, con mi padre en la guerra.

Por mucho que me contaran mis padres y mis hermanos mayores, nunca llegaría a saber las calamidades que mi madre pasó mientras mi padre estuvo en la guerra, sólo Dios y ella lo sabían.

El año 1939 termina la guerra y mi padre vuelve a casa, gracias a Dios, porque no en todas las familias se pudo decir lo mismo. Mis padres comenzaron a rehacer su vida otra vez, y en Agosto del año 1940 nace mi hermana Isabel, y en el mismo mes del año 1942 nací yo.

Todo lo escrito aquí de mis padres hasta que yo tuve cuatro o cinco años fue contado por mis padres y mis hermanos mayores, pero, a partir de esa edad, ya recuerdo yo lo que mi madre hacía y lo que padecía por nosotros. Yo observaba a mi madre cuando nos mandaba al colegio a mi hermana Isabel y a mí, y no tenía para darnos un bocadillo; menos mal que en la escuela nos daban un bocadillo y un vaso de leche en polvo que mandaban del extranjero, pero a mi madre se le notaba en el rostro la angustia de ver que no podía dar a sus hijos aquello que necesitaban.

Poco a poco se iba regulando el trabajo y mi padre y mis dos hermanos mayores se colocaron a trabajar en la finca Villaconchita, propiedad de don Antonio Murcia. No era mucho lo que ganaban, pero al menos se empezaba a comer.

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