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domingo, 18 de abril de 2010

UN SOLAR PARA MI CASA

Todos los días, cuando venía del trabajo, me aseaba y me iba un rato, bien a ver la novia, bien a estar con los amigos, y, a veces, a ver a las tías de mi padre, que eran dos mujeres extraordinarias que se pasaron desde niñas hasta que se retiraron de sirvientas en Murcia.
Sirvieron en casas distintas, pero ellas se reunían parte de los días para hablar de sus cosas. La mayor era la tía Encarnación y servía en una casa cuyos señores eran de clase media, y, a lo largo de su vida laboral como niñera, crió a una niña que se llamaba Aníta. Aquella niña se hizo mujer y se echó novio y se casó, pero era tal el cariño que tenía a su chacha como ella le llamaba, que les pidió a sus padres que la dejaran irse con ella, y así lo hicieron. Aníta tuvo cuatro hijos, dos varones y dos niñas. A los cuatro los crió la chacha, y a los varones los vio casarse. Las dos mujeres se quedaron solteras.
Mi otra tía, porque para mí eran mis tías, la tía Dolores, estuvo sirviendo en casa de unos señores que tenían una situación acomodada bastante aceptable; eran jóvenes y tenían una niña que aproximadamente era de la misma edad que mi tía Dolores. Las dos niñas se comprendían muy bien, hasta tal punto que los señores las veían como a dos hijas y tomaron la decisión de que fuera así. La mala fortuna entró en aquella casa y la verdadera hija enfermó de tal forma que, siendo muy joven, murió. La tristeza inundó aquella casa.
Pasó un cierto tiempo y mi tía, que estaba tan afligida como ellos, pensó que en aquella casa ya no tenía nada que hacer, y un día se lo dijo a los señores. Estos, al escucharla, la abrazaron y le dijeron: "Dolores, por Dios, ¿es que no ha habido bastante con que se haya ido una hija?. Si tú te vas, habremos perdido a las dos".
Años después murió la señora. El señor, que era bastante mayor que mi tía, hizo un testamento en el cual dejaba a mi tía como dueña del piso en que vivían. De su dinero podía desponer del que necesitara mientras ella viviera, y así mismo disponer del usufructo de sus fincas mientras viviera.

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