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miércoles, 17 de noviembre de 2010

DEJO EL PUESTO Y ME MARCHO

Fue duro y penoso el camino, pero lo conseguimos. A principios de la campaña del limón fino del año 1.984 se había comprado al dueño del establo todo el terreno, y se habían hecho nuevas cámaras para desverdizar el limón.
En esas fechas teníamos nuevo presidente. El nuevo presidente, Juan José García Ortuño, otros dos consejeros y yo visitamos varias cooperativas asociadas para ver cómo evolucionaban, y nos gustó su evolución. Entramos a formar parte de la Federación de Cooperativas con el numero 90, y se trabajaba muy bien.
Disponíamos de tres naves y de dos cámaras para desverdizar más de cincuenta mil kilos en cada una; trabajábamos en el almacén unas treinta mujeres y seis hombres, más el oficinista y yo; y en el campo trabajaban otras tantas personas. Ese año se preveían muchos millones de kilos, había una cosecha muy buena, y ya exportábamos a toda Europa y a países del Este.
Pero yo tenía un problema con el presidente. Al contrario del anterior que no se metía en los trabajos del almacén, éste se metía en todo como si él fuera el encargado del almacén, cosa que a mí no me parecía bien. En la campaña anterior ya había tenido una discusión con él porque me cambiaba al personal sin contar conmigo para nada. Le llamé a la oficina y le dije que, mientras yo fuera el encargado del almacén, el que mandaba allí era yo, y no le sentó nada bien.
Por si fuera poco, el oficinista, que era hijo del secretario, lo alarmó diciéndole que en un mes había tirado diez mil kilos de limones podridos. De seguido fue a darme las quejas, yo le dije que convocara al consejo rector para aclararlo.

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