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lunes, 15 de noviembre de 2010

EVOLUCION DE LA COPERATIVA

Como responsable de trabajo de las entradas y salidas, del control de los productos tanto en el almacén como en el campo, y de la evolución de los mercados tanto nacionales como extranjeros, tuve que trabajar duro y con unos horarios muy extensos.
Antes de las siete de la mañana ya estaba en la cooperativa preparando y ajustando los calibradores de la máquina, y a las ocho de la mañana, cuando las mujeres comenzaban, ya lo tenía todo preparado.
Al medio día, cuando se terminaba de trabajar, nos íbamos a comer, y a las cuatro de la tarde comenzábamos otra vez; y, según los pedidos que teníamos, así dependía el horario de terminar la jornada.
Cuando se acercaba la fecha de la campaña del limón fino muchos agricultores habían venido observando la marcha y el funcionamiento de la cooperativa.
La entrada de socios desde que comenzamos, había sido lenta, pero, conforme se iba acercando la campaña, iban entrando más socios. Durante la campaña del limón fino se contrató a un oficinista, y le tuve que habilitar una oficina junto a la mía; entre las dos no llegaban a los ocho metros cuadrados, pero nos surtíamos bien.
Aquello funcionaba. Al principio sólo mandábamos limón a los mercados nacionales, como Madrid, Bilbao o Zaragoza, no disponíamos de marca propia. El presidente, a través de sus amistades , consiguió que un amigo y conocido suyo nos cediera su marca para poder exportar al extranjero. EL LANCERO, así se leía la marca, y el señor que la cedió hacía de representante de la cooperativa. Como se vendía mucho y entraban nuevos socios, el consejo rector decidió solicitar marca propia para agilizar los trámites.

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