
Lleva casi dos años asistiendo a la catequesis donde lo están preparando, al igual que al resto de niños y niñas, pero, como pasa el tiempo rápido, comencé a llevarlo a la guardería cuando tenía muy pocos años, después al colegio de párvulos, después pasó a enseñanza primaria, y ya ha cumplido los 9 años.
La velocidad del tiempo cuando uno está jubilado parece que se multiplica por tres si la comparamos con la de cuando uno está en edad de trabajar, se me han pasado casi ocho años desde que me jubilé y parece que solo han pasado dos, ya se nota que vamos cuesta abajo.
Este nieto es el que hace el número cinco y, de momento, es el último pero todavía no se puede decir nada, las fábricas de hacer niños todavía están en buenas condiciones.
Mi nieto Gonzalo ya se está preparando para hacer su primera comunión, lo lleva muy bien y está muy contento. También lo están sus padres y sus hermanas, y, por qué no, sus abuelos que tanto le quieren.
Los preparativos ya están en marcha, las fotos para las invitaciones, el local donde se va a celebrar este evento, las personas que van a asistir, reuniones en la catequesis para ver en qué turno le toca
comulgar, cómo se va a engalanar la iglesia, a cómo va a salir el costo por niño o niña; en fin, todos los requisitos necesarios para poner en marcha el comienzo de una fiesta como la primera comunión de los niños y niñas, que tanto esperan, y, con una ilusión tan grande, que a los abuelos se nos cae la baba nada más pensarlo.
Pues ya ha llegado el día, estamos a 7 de Mayo y ha amanecido un día espléndido, es lo más hermoso que se puede esperar en un día como éste.
Son las 7 de la mañana y ya estoy desayunando, es mi costumbre de todos los días desde que me jubilé, mi esposa ya me está advirtiendo de que no se me haga tarde para ir a la iglesia y coger sitio desde donde se pueda ver todo el acontecimiento.
Son las 10 de la mañana cuando salimos de mi casa con dirección a la iglesia, otras personas llevan la misma dirección, y, posiblemente, la misma intención. Cuando llegamos, mi hija, su marido y sus dos hijas, ya están allí en primera fila, o sea que no fuimos los primeros en llegar a la iglesia, ya había muchos bancos ocupados.

Tres sacerdotes les esperaban junto al altar mayor, conforme iban llegando se iban distribuyendo a ambos lados del altar con una soltura y un orden admirables, se notaba la buena enseñanza que les habían dado en la catequesis.
Los móviles y las cámaras de fotos pronto se pusieron en marcha, y todos los movimientos que hacían los comulgantes eran gravados, y así hasta el final de la ceremonia que duró casi hora y media.
La celebración se hizo en la Hacienda de Juan, en La Aparecida, que, por cierto estuvo superbien.
Y así terminó la comunión de mi nieto Gonzalo.