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jueves, 11 de junio de 2015

MI PRIMO JUAN

Diecisiete de Mayo del año 2015, once de la mañana, suena el teléfono móvil, lo cojo y se oye una voz entrecortada de una mujer: "Juan ¿eres tú?", me dice, "sí, soy yo, Juan, y tú ¿quién eres", "soy Carmina, la mujer de tu primo Pedro, te llamo yo porque tu primo no está para ponerse", "¿qué le pasa?", le digo, "no, a él no le pasa nada, es a su hermano, que se ha muerto y lo están preparando para llevárselo al tanatorio de Santomera".
La noticia me cayó como un jarro de agua fría, hay primos y primos, sea por su relación o por lo que sea, el caso es que todos los primos no son iguales, tanto mi primo Juan como su hermano Pedro y su hermana Angelina para mí siempre han sido como hermanos míos, era algo especial, la casa de mi tía Isabel siempre tuvo las puertas abiertas para sus sobrinos y nos hemos llevado como hermanos.
La relación entre mi primo Juan y yo de siempre ha sido muy buena, los dos nacimos el mismo año, nos fuimos al servicio militar en el mismo reemplazo, él, el 25 de Septiembre del año 1964 a la Infantería de Marina, a Cartagena, y yo, el día 2 de Octubre a la Marina de Guerra Española, también en Cartagena. Yo iba con mucha frecuencia a verlo a su cuartel en el Tercio de Levante, allí cenábamos y a veces veíamos una película de cine.
Nos sacamos el carnet de conducir de primera para que, cuando nos licenciáramos, pudiéramos conducir camiones, y lo hicimos por lo civil, no por lo militar. Nos licenciamos el mismo día, el 25 de Septiembre del año 1966. Al poco tiempo, él se puso a conducir un camión. Yo también estuve conduciendo un camión durante un año, pero lo dejé y seguí en la construcción, me gustaba más y tenía más tiempo libre por las noches. Corrimos juntos con las motos para buscar novia, yo la encontré pronto, él, aunque algo más tarde, también la encontró. Los dos nos casamos con nuestras parejas.
A veces la vida es muy injusta y suceden cosas a las que no les encuentras sentido ninguno, toda una vida trabajando desde muy pequeño para poder salir adelante, y, nada más alcanzar la mayoría de edad, ya estábamos en el extranjero para ayudar a nuestros padres y hermanos, y, después de casados, para sostener la casa y la familia en las condiciones más óptimas posibles, y, cuando has conseguido llegar a la meta y te jubilas, cuando tienes a los hijos casados, cuando tienes los nietos que tanta alegría dan, cuando puedes disfrutar de la familia, entonces te viene un achaque y te manda al otro mundo.
El mismo día en que murió, celebraba la primera comunión una nieta, la de su hijo más pequeño, Miguel Angel; él quería verla, pero como estaba  hospitalizado, allí los niños no podían entrar, pidieron un permiso especial, que le fue concedido, pero su nieta ya no pudo ver a su abuelo, murió antes de que lo pudiera ver. ¡Qué injusta es la vida en algunas ocasiones!, como ésta por ejemplo.
¡Primo Juan, te recordaré mientras viva y hasta el fin de mis días!.

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