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martes, 16 de junio de 2009

MI PRIMER TRABAJO A SUELDO


Desde que me sacaron de la escuela, con nueve años, hasta los catorce, mi hermana Isabel y yo trabajamos en el campo y en la huerta plantando y sembrando distintos cultivos, como los pimientos, el algodón, los tomates, los melones y las sandías. Cierto es que hacíamos los trabajos más leves, los más duros los hacían mi padre y mis hermanos mayores, por ejemplo preparar la tierra, cavarla, regarla y sulfatarla; en fin todos los trabajos que mi hermana y yo no podíamos hacer. Así pasamos nuestra niñez.
A los trece años comienzo a trabajar a sueldo, en la agricultura claro, no sabía hacer otra cosa. Tenía catorce años cumplidos. Estaba junto con mi hermano José haciendo hoyos de un metro por un metro y uno de profundidad, en una finca al norte del barrio de Los Picolas, en el campo. El sueldo entonces era de cuarenta pesetas día, poco para el trabajo que hacíamos. Los mayores le pidieron al propietario de la finca que les subiera el sueldo, y él les contestó que se lo pensaría.

Al paso de unos días, les dijo que les iba a subir el sueldo diez reales, unas dos pesetas y cincuenta centimos al día. Yo, con catorce años cumplidos, empecé a pensar en el futuro que iba a tener trabajando en la agricultura como obrero. El sábado era día de cobro, porque se pagaba por semanas. Observé que cerca de allí había albañiles trabajando. Una idea pasó por mi cabeza, le dije a mi hermano: "José, el lunes no vengo a trabajar en la finca". Me contestó él: "Tú estás loco, si el papá se entera de que no vienes a trabajar no le va a dar ni chispa de gusto". Le contesté: "Mira, hermano, este trabajo no tiene futuro ninguno. He pensado que esta tarde, después de terminar aquí, me voy a acercar a esa obra y voy a pedir trabajo, y, si no lo hay en esa, lo buscaré en otra obra, pero en la tierra no trabajo más".

Por la tarde, cuando terminamos el trabajo, el dueño de la finca nos reunió a los obreros para pagarnos la semana. Pagaba quince pesetas más que la semana anterior como consecuencia del aumento de sueldo que había hecho. Cuando me nombró a mí, me acerqué y le dije: "A mí no me pague el aumento". Me miró y me dijo: "¿Es que tú no trabajas como los demás?" Yo le contesté: "Sí, pero es que el lunes no voy a venir a trabajar, y no quiero que después diga que fuí un aprovechado".

Me volvió a mirar y me dijo: "Y qué vas a hacer el lunes?". Le contesté: "Voy a buscar otra clase de trabajo que no sea el de la tierra". El hombre me pagó mi sueldo y me dijo: "Chaval, te deseo mucha suerte y, si no encuentras lo que buscas, vuelves aquí que tienes trabajo".

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