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miércoles, 24 de junio de 2009

SALIDA A LA VENDIMIA (FRANCIA)

Corría el año 1962, tenía veinte años recién cumplidos y ya era tío de tres o cuatro sobrinos; porque mis tres hermanos mayores ya estaban casados. En casa quedábamos mis padres, mi hermana Isabel y yo. Lo que habíamos ahorrado entre todos trabajando lo gastamos en casar a los tres primeros; y todavía quedaba algo por pagar.

Consciente de la situacion de mi casa, bueno la de mis padres, pensé que tenía que hacer algo, y, a través de unas amistades, mi hermano y yo solicitamos contrato de trabajo para hacer la vendimia en Francia. Tanto a mi hermano José como a mí, nos mandaron los contratos. El día diez de Septiembre de 1.962 salimos de la estación del Carmen de Murcia con dirección a Francia. Pasamos reconocimiento médico en Cervere y seguimos rumbo a nuestro destino, Montpellier. Allí nos separamos; mi hermano llevaba contrato para una finca llamada La Pellatrice, y yo, con otros tres compañeros, marchamos a un pueblo que se llamaba Mireval.

Poco más de veinte días duró la vendimia con aquel patrón, que se llamaba Yuset Prieur. Cuando terminamos la vendimia hicieron una fiesta en el pueblo a la que invitaron a todos los vendimiadores. Recuerdo que había un músico con acordeón, y que muchas de las piezas que tocaba eran pasodobles españoles. Como a mí me gustaba el baile, con la mirada buscaba una chica que estuviera libre para pedirle que bailara; pero a las jóvenes parecía que les daba vergüenza de salir a bailar. Yo me fijé en una que estaba sentada junto a una mujer que podía muy bien ser su madre; pero mis compañeros, que se dieron cuenta de mi intención, me dijeron: "A esa no hace falta que te arrimes porque no quiere bailar con españoles". Les conteste: "Pues como yo pueda esa chavala bailará conmigo".

Me estudié la estrategia y les dije a los compañeros: "Voy a sacarla a bailar". "Pues vas a perder el tiempo", me dijo uno. Sin hacerle caso me fui hacia donde estaba sentada. Mis compañeros me seguían con la mirada para ver qué hacía. Puse en marcha mi estrategia, en vez de pedirle baile a la joven, se lo pedí a la mayor, pensando que sería su madre. La mujer se echó a reir, pero se levantó y se puso a bailar conmigo. La joven, que supuestamente pensaba que le iba a pedir baile a ella, cuando vio lo contrario, también se echó a reir. La música era un pasodoble ligero y la mujer, que de tonta no tenía nada, cuando llevábamos dos vueltas, se paró justo delante de la joven, la cogió de la mano, ella se levantó, y en un lenguaje que yo no entendía le dijo "danse, danse", y la joven, un poco sonrojada, se puso a bailar conmigo. Y así pasé aquella fiesta de la vendimia bailando con aquella joven.

1 comentario:

"Premio Maria Amelia Lòpez Soliño" dijo...

Hola Manrique. Por sugerencia de tu amigo Jesús Anda, hemos agregado tu blog a nuestro listado de Blogs de Mayores para que otros también puedan conocerlo.
Te animamos a actualizarlo con más frecuencia y te damos la bienvenida.
Un fuerte abrazo.

Sigo con atención estos BLOGS