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jueves, 27 de enero de 2011

ENTRO EN C.I.C.

Fernando Luis Cánovas Mateo, dueño de la empresa C.I.C., se enteró de que yo no estaba ya trabajando en la empresa de las granjas, y me llamó para que habláramos; él tenía un equipo de ingenieros industriales agrícolas, y, aparte, se dedicaba a hacer embalses para riego y montaje de cabezales e instalaciones de riego por goteo.
Tenía él un socio para hacer los embalses, pero estaban en trámite de separación. Había alquilado una nave en el campo de La Matanza de Santomera y allí tenía las oficinas, una para los ingenieros y la otra para el resto del personal. La parte alta de esta última la estaba habilitando para un despacho para su padre y para él.
El destino quiso que su padre enfermara y muriera, y él se quedó sin la persona que le daba asesoramiento y confianza en cada momento. Acudí a su llamada para hablar con él. El ya me conocía bien, me expuso su caso y me ofreció el puesto de encargado general, para hacer embalses y cabezales para riego por goteo.
Acepté sus condiciones y se me instaló una mesa de despacho en la oficina de abajo. Yo, para él, quedaba en la empresa como su asesor y su hombre de confianza en el campo de trabajo que a mí me competía, claro. Aunque nunca se podría comparar, yo iba a hacer parte de las funciones que su padre hubiera podido hacer.
A lo largo de dos años y medio que estuve trabajando con él, realizamos muchos trabajos de importancia, entre ellos tengo que destacar un embalse que le hice a la empresa BABIPLAT de mi amigo Juan Antón Campillo.
La importancia de este embalse consistía en que iba casi totalmente sobre nivel del terreno, con una altura de cinco metros y un diámetro de cincuenta metros de interior, para una capacidad útil de diez mil metros cúbicos.

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